Antonio Ortega Escalona (1844-1918) Vélez-Málaga

Antonio Ortega Escalona, conocido en el mundo del arte como “Juan Breva”, nació a mediados del siglo pasado, allá por 1.844, en el término municipal de Vélez-Málaga, en un caserío que todavía se conoce con el nombre de la Puente del Moral.

Su modestísimo origen, en el seno de una familia agrícola, le llevó a tener que ayudar a su padre, desde muy niño, en tareas, sobre todo, de venta ambulante de frutas, de donde le vino el apodo de “Juan Breva”, que ya tuviera su abuelo con anterioridad.

Un vecino y amigo de la familia, apellidado Palma, le introdujo en los cantes populares del lugar y, cuando tenía ocho años, ya cantaba verdiales y fandangos de manera tan admirable que todos cuantos le oían le presagiaban un extraordinario futuro artístico. A los quince años el muchacho ya era tan conocido y admirado “por su voz como por sus buenas acciones”, según nos dice su biógrafo Miguel Bergillos, allá por el año de 1976, en su libro Vida de Juan Breva.

Su primer contrato como cantaor lo firmó con el Café del Sevillano de Málaga y, poco a poco, va tomando vida con su arte. Se le fue conociendo en todos los cafés cantantes y toma parte en reuniones de verdaderos entendidos, rodeándose de buenas amistades entre las que destaca el “Niño de Lucena”. Recorrió con su voz toda la geografía nacional, siendo tal su fama que fue llevado a cantar, incluso, al Palacio Real.

Según su biógrafo Francisco Lara Sánchez, cuando canta ante el rey Alfonso XII, con su temple característico, se atrevió a la letra de

Cuatro sabios se encontraban
en la agonía de un rey;
los cuatro se horrorizaban,
porque al mandar Dios su Ley
dinero y ciencia se acaban…

Casado con una veleña tuvo dos hijos, a los que llamaron Francisco y José. Del primero nunca tuvo quejas. El segundo le amargó la vida. Una de sus letras mas famosas rezaba así:

Este luto que llevo
no me lo quito en la vía
se me ha muerto mi mujer
y el hijo que más quería,
que ya no lo vuelvo a ver.

A finales de 1884, tras haber conseguido en Madrid tantos éxitos como amigos y admiradores, de¬terminó venirse a vivir a Málaga por motivos familiares. No obstante, después de 1885, y hasta 1903, volvió de giras cantando por to¬da la geografía nacional. Se cuenta que, por ésta época, cruzó alguna vez los Pirineos, si bien esto no lo hemos podido confirmar.

Tras un tiempo de descanso en Málaga, en el año 1904, en el que le encontramos de nuevo haciendo derroche de facultades y buen hacer, en 1905 reabre sus alas por toda España y, a fina¬les de 1906, una lluvia de contratos le obliga a recomenzar los caminos, hasta que, en 1909, tras unos meses de descanso en Madrid, retorna con la familia a su Vélez-Málaga natal, donde permane¬ce cuatro años. En 1913 vuelve otra vez a Málaga para refugiarse con sus cantes en los ventorros de La Caleta.

A principios de 1918 hizo una actuación de despedida en Vélez-Málaga, en el histórico Teatro Principal, y, varios meses después, el 6 de junio de 1918, tuvo un triste final dejando de existir en la calle Canasteros de Málaga, en la más pura indigencia. Su hijo Francisco y varios amigos tuvieron que recorrer tabernas y cafés pidiendo para su entierro.

Generalmente Juan Breva fue autor de sus propias letras y creador de un estilo propio de cante basado en los verdiales de Vélez.

Núñez de Prado, en 1904, en su libro Cantaores andaluces, dice de él que “… parece despreciar los adornos y floreos, como si le faltara tiempo para escapar del alma en que nace y clavarse en el corazón de los que escuchan”.
El inmortal Federico García Lorca, que le bautizó como “cuerpo de gigante con voz de niña”, dijo cosas de él tan hermosas como éstos versos:

    Nada como su trino.
    Era la misma pena cantando
    detrás de una sonrisa…
Como Homero cantó ciego.

    Su voz tenía algo de mar sin luz
    y naranja exprimida…”

Nota: (Del libro Notables de la Axarquía. Autor Francisco Montoro Fernández)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *