Atención, ¡no te enamores de un montañero!

Este mes se celebró San Valentín y como consejo sólo puedo deciros que si no queréis una vida intensa, emocionante, llena de retos y de energía, mejor no enamorarse de un montañero si no quieres una persona dedicada, determinada y comprometida al lado de ti.

No te enamores de él, si no puedes dar lo mismo tú, porque los montañeros saben comprometerse, saben conquistar una meta y saben que tienen que trabajar para lograrla. No te enamores de un montañero si no sabes disfrutar de un paisaje en silencio, sólo respirando.

Subir montañas es adictivo; los montañeros son adictos a las endorfinas. Si te gusta el drama y no quieres a alguien que sepa enfrentarse a un problema con calma, alguien que sepa tomarse la vida con filosofía, pero que se reta a sí mismo y al que le gusta el éxito, entonces, no te enamores. Sabe llorar ante la felicidad y ante el fracaso.

Subir a la montaña ayuda a tener un mejor estado de ánimo y calma la ansiedad, además de mejorar la memoria, de manera que un montañero nunca olvidará un aniversario. Huye de él si tú vives en el estrés, porque si no lo haces tú, es muy probable que él sí salga corriendo. Tienen resistencia mental y física.

Un estudio de la Universidad de Harvard demostró que los hombres mayores de 50 años y que ascienden regularmente a la montaña, reducen en un 30% el riesgo de tener impotencia frente a los que hacen poco o nada de ejercicio. Corres el riesgo de tomar muchos riesgos y generar una doble adicción, a los riesgos y al montañero.

En conclusión, y si no quieres todo esto y ser inmensamente feliz, entonces, ¡huye!, ¡aléjate del montañero! De lo contrario, te vas a contagiar, en cuyo caso, estarás perdida: subirás, sonreirás, viajarás, llorarás y todo te parecerá más fácil.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *