Eduardo Ocón y Rivas (1833-1901) Benamocarra

En el pueblo de Benamocarra el 12 de enero de 1833 nació el niño Eduardo Ocón y Rivas, hijo del matrimonio formado por Francisco Ocón López y María de los Dolores Rivas Román. Creció junto a seis hermanos, siendo él el tercero de ellos.

Debido a sus cualidades e inclinación hacia la música ingresó de niño en la catedral de Málaga como “seise”, que era como se llamaban a los niños de coro, que por lo común eran seis, tal y como era costumbre en otras catedrales andaluzas. Era entonces maestro de capilla don Mariano Reig que le enseñó solfeo, armonía, composición…

Más tarde con el organista don Tadeo Murguía se inició en el piano y el órgano, aprendiendo a gran velocidad y destacando de otros aprendices, hasta el punto de que, con dieciocho años, ganó las oposiciones de segundo organista de la Catedral de Málaga en reñida competencia.

Cuando contaba 34 años marchó a Paris donde aprende con grandes maestros como Francois Benoit, Ambroise Thomas, Aubert, David, Charles Gounod… En este país gana unas oposiciones a profesor de una escuela de canto, y se dedica a componer, y a estudiar a grandes maestros de la música.

En 1870, vencido por la nostalgia, vuelve a Málaga donde conoce a la alemana Ida Borchardt con quien contrae matrimonio, del que nacen sus tres hijos Eduardo, Ida y Cecilio.

Al poco de su regreso se le propone la dirección de la Sociedad Filarmónica que se había fundado poco antes, el 14 de enero de 1869, cosa que acepta pero bajo la condición de que se cree una escuela de música o Conservatorio, que inicia su andadura en la primavera de 1871, siendo nombrado su director en 1880.

Durante este tiempo ocupó de nuevo su plaza de organista de la Catedral, realizando una ingente labor restauradora y docente, hasta su muerte, que se produce a causa de una pulmonía el 28 de febrero de 1901.

Entre sus muchas composiciones religiosas destacan siete Misas, un famoso Responsorio a la Inmaculada, Motetes, Himnos, Salves, Plegarias, Letanías y su famoso Miserere, obra cumbre de su producción religiosa.

Entre sus composiciones profanas habría que destacar su Bolero de concierto, las Cantatas, la Rapsodia Andaluza, El pescador, Estudio para la mano izquierda, Barcarola, Gran vals brillante,.. Y, finalmente, su colección de Cantos españoles.

El ilustre músico y maestro don Manuel del Campo, en la biografía que hace de don Eduardo Ocón, y que nos ha servido de guía, incluye un hermoso soneto de Hilario Bueno, que fuese publicado por el diario católico La Defensa, el 14 de marzo de 1917, y que rezaba así:

A LA MEMORIA DE DON EDUARDO OCÓN:

Dios, conociendo el infinito anhelo del alma en la materia aprisionada, al hacer tantas cosas de la nada, creó el arte, del hombre fiel consuelo.

El arte es, por lo tanto, un don del cielo, que enlazado a la fe pura, acendrada, endulza nuestra vida atribulada, mitiga nuestra pena y nuestro duelo.

Sublime inspiración sintió en su frente el gran maestro Ocón, para su gloria, alcanzando la cúspide eminente.
Del arte musical honró la historia. Por eso de su nombre, eternamente el pueblo guardará grata memoria.

Benamocarra le tiene dedicado un Colegio Público y la ciudad de Málaga el Recinto Musical del Parque.

Nota: (Del libro Notables de la Axarquía. Autor Francisco Montoro Fernández)

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