El desapego: la lección de la vida

A mucha gente le explico cuál es el significado del desapego porque, aunque es relativamente fácil entenderlo debido a nuestro sistema de pensamiento basado en creencias copiadas de nuestros entornos donde se fomenta todo lo contrario, el apego, nos impide que lo asimilemos y llevemos a la práctica.

Así, dependiendo de la familia donde hayamos nacido, nuestras relaciones tanto afectivas como materiales van a ser más o menos dependientes, o sea apegadas. Comencemos por el marco material, que nos es más sencillo de comprender. Algunas personas le dan mucha importancia, por ejemplo, al dinero, o mejor dicho a la acumulación de este, y viven en una actitud de alerta constante ante la posibilidad de la ausencia o escasez del dinero. Su estado emocional va a depender mucho de cuál sea su situación económica.

Sé que claro que es importante, pero no es lo más importante, y así cuando nos enfermamos, por ejemplo, lo normal es que le quitemos esa relevancia ¿verdad? De igual forma también nos pasa con el trabajo, el coche, la ropa y un largo etc… Con esto quiero que nos demos cuenta de que mantenernos apegados a las cosas materiales no tiene sentido, ya que todas ellas son pasajeras, vienen y van. Confiar en ese proceso natural nos va a ayudar a estar más tranquilos.

Además, si somos honestos con nosotros mismos, tenemos que reconocer que la vida misma nos demuestra que es así. Cuando dejas un trabajo viene otro, cuando gastas luego ganas, si un coche se rompe se compra otro, la ropa pasa de moda… En fin, que en lo que deberíamos fijarnos y procurar es que todo ello nos reporte la mayor felicidad posible.

Abordemos ahora el ámbito de las relaciones afectivas. Y aquí es donde suelo decir que la vida en sí misma es una “lección de desapego”. Cuando nacemos, evidentemente establecemos una relación de dependencia total con nuestra madre, ya que ella es la encargada de cuidarnos y alimentarnos, pero también, sabemos los que somos padres y madres, que nuestra responsabilidad, a medida que pasa el tiempo, es la de hacer que nuestros hijos aprendan a ser autosuficientes: aprendan a andar, a comer solos, a vestirse, a dormir solos, a ir al cole… Es decir, a que cada día sean más responsables de sí mismos.

Y así llegamos, gracias a su desarrollo en el entorno familiar, a la edad adulta en la que nuestros hijos estudian y encuentran un trabajo y por fin se independizan e incluso forman su propia familia.

Entonces nos comenzamos a desapegar de ellos, tienen sus propias vidas y sus trayectos, como tuvimos nosotros también. Con el paso de los años es cierto que (sobre todo cuando somos mayores) incluso podemos hacernos dependientes para que esta vez sean ellos los que nos cuiden si lo necesitáramos. Sin embargo, aun así esta circunstancia nos vuelve a iniciar un proceso de desapego, ya que ahora habrá que afrontar la fase final de nuestra vida en la cual tanto nuestros hijos como nosotros debemos aprender a dejar ir a nuestros seres queridos con amor y agradecimiento por haber podido disfrutar de ellos. Como vemos, la vida en sí misma tiene ese sentido, el de enseñarnos a desapegarnos.

De hecho, cuanto antes lo aprendamos, antes valoraremos más tanto las cosas como a las personas que tenemos. Vivir intensamente y saber dejar ir es, en definitiva, lo que nos enseña a amar y a ser más felices.

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