El origen de los fenicios (2ª parte)

La verdad es que a la hora de hablar del origen de los fenicios contamos con escasas fuentes escritas. Tenemos algunas fuentes contemporáneas, como es el caso de los Anales asirios y algunos textos bíblicos, así como exiguas referencias griegas y otros textos, que son los más numerosos, pero que se escribieron en fechas muy lejanas a los acontecimientos que se narran.

De los datos historiográficos, se ha podido sustraer una gran información referente a los fenicios, pero es inevitable la subjetividad de los mismos y su interpretación. Si atendemos al origen de las fuentes, podremos observar que su procedencia es ajena al pueblo protagonista de los hechos que se comentan; en otras palabras, que serán los extranjeros los que nos van a aportar la información sobre este pueblo semita. A su vez, la opinión que tienen éstos sobre los fenicios no es generalmente muy favorable, tratándose con cierto desprecio por parte de sus mayores enemigos, griegos y romanos.

De todo se infiere que la imagen que nos han dejado estos narradores es bastante parcial. En las fuentes contemporáneas, concretamente los libros bíblicos de Isaías (siglo VII a. C.) y Ezequiel (siglos VIII-VII a. C.), se da una clara imagen de que el comercio marítimo fue el motor principal de la actividad fenicia. Esta misma referencia se tiene de Homero (Ilíada y Odisea), aunque no considera que tuvieran un comercio organizado, sino una empresa individual; o en el caso de Heródoto, que los describe como mercaderes ambulantes y raptores de mujeres.

A ello hay que unir los calificativos de piratas y traficantes de esclavos, que, por otra parte, eran actividades muy frecuentes en la antigüedad, pero que no debemos sobrevalorar atendiendo al menosprecio que sentían algunos griegos hacia ellos, pues para la ética de estos autores, al igual que para muchos griegos y romanos, la práctica comercial no era una profesión honorable. De los relatos griegos y romanos, debemos tener en cuenta la lejanía existente a los momentos históricos que se recogen, o la procedencia indirecta de las fuentes, ajenas a los propios autores, provocando discordancias entre sí. Todo esto genera una falta de fiabilidad en la mayoría de los casos. Un hecho que no ayuda a subsanar la imagen negativa sobre los fenicios, y que, a su vez, es una paradoja, es que desconozcamos los propios textos de un pueblo tan letrado como el fenicio, al que precisamente se le atribuye la utilización del primer alfabeto, y que fue adaptado posteriormente para el idioma griego. La razón de ello no es porque no escribieran o que practicaran poco la creación de relatos literarios, sino que los soportes que utilizaron para ello eran materiales poco duraderos que no soportaron el paso del tiempo, como es el caso de la madera, muy abundante en tierras cananeas, y del papiro, que se importaba de Egipto.

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