EL TOC

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{xtypo_dropcap}E{/xtypo_dropcap}l trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) está caracterizado por la presencia de obsesiones (pensamientos, impulsos o imágenes recurrentes y persistentes experimentadas como egodistónicos, es decir, vividos como intrusos, inapropiados o ajenos al individuo) y compulsiones (comportamientos o actos mentales de carácter repetitivo que el individuo se ve obligado a realizar para reducir el malestar provocado por las obsesiones).

Todo el mundo tiene algunas preocupaciones ocasionales, pero

¿por qué en algunas personas dichas preocupaciones se llegan a convertir en obsesiones?

¿Y por qué para intentar contrarrestar el malestar que producen dichas obsesiones a veces llevan a cabo conductas compulsivas?

Algunas personas cuando contactan por primera vez con algún pensamiento perturbador o preocupante, por el motivo que sea, reaccionarán lógicamente intentando suprimirlo o alejarlo de alguna manera de su mente. Pero entonces se da un fenómeno paradójico conocido en psicología como “efecto paradójico de la evitación experiencial” que consiste en que cuando una persona se esfuerza por controlar o evitar cualquier contenido o imagen mental, llamémosle “X”, irremediablemente acabaría contactando una y otra vez con “X”. Para poner un ejemplo de este fenómeno, vamos a realizar un sencillo ejercicio: Intenta no pensar en los próximos cinco minutos en un oso blanco, haciendo todo lo posible por alejar esa imagen de tu mente.

¿Qué es lo qué ha ocurrido?

Habrás podido comprobar que es verdaderamente difícil echar de tu mente al oso blanco, es más, lejos de suprimir la imagen, paradójicamente esta se habrá hecho más insidiosa a medida que más te esforzabas por evitarla. Esto es la evitación experiencial.

En cuanto a las compulsiones asociadas a muchas obsesiones, la mayoría de las personas que las llevan a cabo suelen ser conscientes de que algunas de las conductas compulsivas que realizan, tales como contar hasta determinada cifra, repetir ciertas palabras, lavarse las manos un cierto número de veces, caminar por determinados sitios, etc. pueden resultar absurdas, pero, «por si acaso», las siguen llevando a cabo, una y otra vez, ya que, en principio, no tienen mucho que perder por hacerlo y, si no lo hiciesen, pensarían que tal vez eso pudiera influenciar de alguna u otra forma la posibilidad de darse el suceso o situación que les preocupan o temen, aumentando entonces aún más su malestar. Lo mismo que intentar suprimir las obsesiones hacía que paradójicamente se hicieran más insidiosas, tratar de reprimir las compulsiones generará tensión o ansiedad. Rindiéndose a la compulsión, la persona libera ansiedad a corto plazo, aunque a largo plazo estaría entrando un círculo vicioso.

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Si, tras llevar a cabo el ritual compulsivo, no sucede, como es más que probable, el hecho que la persona temía, pensaría que la ha evitado gracias a dicho ritual. Se estaría produciendo una asociación entre el ritual o conducta compulsiva y la evitación de la situación temida. Algo similar podría ocurrir con el tema de las supersticiones. A la hora de tratar de explicar el fenómeno de las obsesiones, las cuales pueden ser bastante diversas y variopintas (miedo a sufrir algún daño propio o a que lo sufran sus seres queridos, miedo a contagios de infecciones o enfermedades, imágenes desagradables, obsesiones de índole sexual, etc.) dejando a un lado posibles factores predisponentes de tipo genético o biológico, habría que empezar por buscar en la infancia de cada individuo. Así, padres que continuamente advierten a sus hijos sobre los peligros del mundo, pueden estar criando hijos miedosos y que se preocuparán con relativa facilidad. Además, los ambientes familiares conflictivos, con ambivalencia o inestables podrían propiciar que los niños aprecien su red afectiva como frágil e inconsistente y se volviese una persona muy insegura.

Por otro lado, una educación demasiado estricta podría hacer que los niños se volviesen excesivamente responsables, no sólo de sus actos, sino también responsables de sus pensamientos. Este cóctel de miedo, inestabilidad y excesiva responsabilidad podrían propiciar, junto a otros factores precipitantes (situaciones traumáticas o estresantes, etc.), que apareciese el trastorno obsesivo-compulsivo o TOC. De todo lo señalado anteriormente, podemos deducir que, a la hora de hacer terapia para abordar un problema como el TOC, debería ser necesario tener en cuenta los mecanismos de la evitación experiencial descrita anteriormente y sus efectos paradójicos. Así, el objetivo de la terapia no debería ser intervenir directamente sobre las obsesiones intentando suprimirlas o controlarlas, puesto que esto mismo es lo que ya hace la persona que padece un TOC con el resultado contraproducente que ofrece la evitación experiencial.

Sería idónea una intervención que buscara la toma de conciencia por parte de la persona aquejada de TOC de los efectos paradójicos que tiene la evitación experiencial así como la aceptación de cualquier contenido mental, a pesar de lo desagradable que este pudiera resultar, teniendo en cuenta que los pensamientos o imágenes mentales son solo eso, contenido mental y no sucesos reales.

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