Julio, el cielo habla 2018

Cuando los ángeles tocan nuestro corazón y se anclan en nuestra vida, ya todo cambia.

Hay sensaciones y conexiones mágicas en nuestra vida, que es un caminar difícil y a la vez bonito con aprendizajes duros, con ilusiones, felicidad y bienestar. Aquella mañana salí a la calle como todas las mañanas, pero algo cambió, el cielo me habló. Sí, como lo estáis leyendo. Un ángel apareció en mi vida; sólo un ángel podía tener esa luz que alumbraba toda la calle, como si en la noche llegase el sol.

Ese farol de luz encendió ahí mi vida con una misión, con un plan, que en principio no era el que yo tenía para mí, pero sí el que tenía el Padre. Así que sin saber cómo ni por qué, ni haciéndome ya tantas preguntas, simplemente lo acepté, pues ya eran muchas vivencias y experiencias que, sin quererlo, no quería que saliesen a la luz por miedo a la gente, al que dirán, por miedo a ser juzgada en esta vida donde la espiritualidad queda en un segundo plano a veces. Bueno, lo importante es que salí a la luz, tal como ellos me dijeron, con amor, cariño y hasta con mucho miedo a veces, pues no sabía que me iba a encontrar.

También con mucha paz interior, pues jamás nunca ya me sentí sola, pues mis ángeles me acompañan a todas partes. Me prometieron no dejarme en este camino, me cogieron de la mano en este caminar con una sola misión: comunicar que el mundo espiritual también tiene voz, que el cielo nos habla.

Los ángeles, guías o seres queridos necesitan transmitir sus palabras, no quieren apagar su voz; siguen viviendo en otros planos, de otra manera, pero con el mismo amor que transmite su corazón, incluso más puro. Sólo soy una mensajera más, la última de un gran esquipo espiritual del cual yo me siento orgullosa y dichosa, pues sólo transmito lo que ellos me dicen para ayudar a las personas, siempre con luz, con amor y tranquilidad, afrontando lo bueno y no tan bueno.

De cualquier forma, como dice una persona a la que quiero con locura, esto no es un camino de rosas, y las rosas más bellas también tienen sus espinas, pero siguen siendo flores bellas. Ese gran árcangel del que os hablo fue San Gabriel, que bajó un día con un pergamino el cuál sinceramente ni leí. ¡Pero cómo iba a leer si me quedé eclipsada! Me dejó su mensaje y me presentó a todos mis nuevos amigos, los ángeles y arcángeles, y sobre todo a mi ángel de la guarda. Ya empezamos a trabajar juntos el cielo y yo. Guías espirituales, maestros, seres queridos… En fin, qué contaros.

Bueno, la verdad es que tengo mucho que contar, pero será otro día. Simplemente, los mensajes que doy son los que ellos quieren que transmita. Siempre podéis contar con su ayuda, con la ayuda del cielo; abrid las manos y recibidla, pedirla y se os dará. Los ángeles siempre quieren ayudarte en todos tus caminos, ten fe e invítalos a pasar a tu vida. Ya nunca será la misma. Y por supuesto, todo con humildad.

Me encanta la frase que me aplico todos los días:

Dios no elige a los preparados, sino que prepara a los elegidos

Con todo mi cariño, deciros que nada es casual, que las casualidades no existen, que el cielo prepara cada momento, cada encuentro con cada persona o situación para nuestro aprendizaje, que nos deja una enseñanza. Perdonad que haya hablado un poco de mí, pero es la manera que ellos querían que expresara este artículo, porque existen ángeles y son maravillosos.

Con mucho cariño vuestra amiga Nora.

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