Los inicios de Las Claras

El núcleo originario de Vélez-Málaga está comprendido por una serie de fortificaciones militares que defendían la ciudad de cualquier ataque. Cerca de la fortaleza o alcazaba había próximo un santuario o templo como un elemento indispensable para formar el núcleo origen. Juntos a esas dos construcciones como centros vertebradores de la ciudad se desarrollan las viviendas arracimadas en torno.

A día de hoy ese recinto amurallado contempla lo que es el barrio viejo. Esta disposición es totalmente normal en una ciudad de origen árabe y por ende medieval. El viejo conjunto formado por La Fortaleza, la Iglesia de Santa María la Mayor (antaño mezquita), y el pintoresco Barrio de La Villa fue ese núcleo originario que conocieron los Reyes Católicos en 1487. Pero la ciudad ya había empezado a desbordar la muralla y en torno a ella comenzaron a desarrollarse unos primeros arrabales o pequeños barrios (para entendernos).

Este conjunto se ubica en una colina de 80 metros de altura sobre el nivel del mar, y una serie de arroyos como el de San Sebastián, el del Pozo del Rey y el de la Molineta le separan de una colina gemela llamada el Cerro de San Cristóbal, lo que comúnmente conocemos como El Cerro, de más reciente construcción. Las dos puertas defensivas militares principales de la ciudad son la Puerta Real de la Villa y la Puerta de Antequera.

Quedan en orientación sur y suroeste. La tercera puerta defensiva o Puerta de Granada quedaba al norte subiendo al final de Los Pozos Dulces como puerta estratégica de comunicación con Granada, y que quedaba embebida entre construcciones y oculta a los ojos de cualquier ataque.

En el ramal de ciudad que se abre al sur de la Puerta de Antequera, actual Calle Coronada, se desarrolla un barrio próximo a la alhóndiga (la zona de la lonja y el almacén de grano para entendernos). Sus templos eran Santa Rosalía, del que aún pueden verse los restos que se reaprovecharon al final de Calle Coronada (de ahí el nombre de la calle) y el actual convento de Las Clarisas, fundado en 1503. Son los polos urbanos de la ciudad.

En la columna anterior veíamos que la ciudad de Vélez-Málaga empezaba a abrirse a nuevos barrios de población. El siglo XVI fue una época de expansión y auge, y por ello de aumento poblacional. Estos nuevos barrios, que empezaban a configurarse van a necesitar siempre en torno a ellos dos elementos indispensables en toda ciudad cristiana: un mercado para el abastecimiento de la comida (de abastos) y un templo para las necesidades de los feligreses.

Se trata de barrios ubicados más allá de la muralla defensiva, es decir, barrios extramuros. Podemos incluir dentro de estos barrios el característico de San Juan de Dios, que, al haber nacido al norte y no encontrar obstáculo alguno, ha seguido su progresión integrándose por completo en el casco urbano. Sus calles y antiguos arroyos son hoy en día cuestas escalonadas y empinadas.

En estos barrios de principios del siglo XVI y últimos del XV, hay ya una ordenación urbana con arreglo a los comercios y gremios. Los nombres de sus calles dan la mejor prueba de ello: Calle Las Tiendas, Calle de la Cilla, Calle de los Curas, Calle Tenerías o Calle Pescadería Vieja son solo algunos ejemplos.

En torno a estos barrios tenemos sus respectivas iglesias. La de San Francisco creó un área urbana rápidamente en torno a ella. Fue fundada en 1499, siendo la más antigua después de San Juan (1487). En el Barrio de La Villa tenemos Santa María, construida tras reaprovechar los restos de la anterior mezquita musulmana.

Pronto se hizo necesario ubicar un templo cercano a esta iglesia ante el gran aumento poblacional. Se edificó entonces la Iglesia de Santa Rosalía, de la que actualmente se conserva aún su majestuosa portada cuando paseamos por la Calle Salvador Rueda.

Tras la construcción de la iglesia de Santa Rosalía, fue necesario idear la construcción de un templo mayor en torno a La Villa. A comienzos del siglo XVI se fundó el Real Monasterio de Nuestra Señora de Gracia. Se ubicó en un principio en La Villa, pero debido a su pequeñez y a las malas condiciones del emplazamiento se tuvo que trasladar a la ubicación actual (Calle Félix Lomas).

Por aquellos momentos pasó a llamarse de la Concepción. Pero pasados los años y viendo la fuerte advocación que tenía entre los feligreses la imagen de Nuestra Señora de Gracia, que además era más antigua y fue donada por los Reyes Católicos, se cambió el nombre al convento por el actual, es decir, como Nuestra Señora de Gracia “Las Claras”. El actual convento se construyó en torno al año 1555, cuando se levantó el claustro, las distintas dependencias y la iglesia dentro del gusto mudéjar.

Tras los daños del terremoto de Lisboa de 1755, que afectó visiblemente a la arquitectura del edificio, se reconstruyó por completo la iglesia dentro del último barroco, pero con el gusto exquisito de los albores del rococó, dándole el aspecto actual. En etapas posteriores y con las corrientes neoclásicas de telón de fondo el convento recuperó su blanco inmaculado como seña de identidad mariana.

Todos estos años de evolución estilística y de sendas restauraciones han ido fermentando la impronta de la iglesia con mayor personalidad arquitectónica de la ciudad, fruto de la fusión de muchos elementos. La armonía de su fachada viene a embeber las complejas soluciones arquitectónicas de su alzado y su interior. La importancia de Las Claras viene tanto de su antigüedad histórica, como de su complejidad arquitectónica y su peculiaridad estilística. Todos estos elementos motivaron que fuera declarado como un Bien de Interés Cultural en el año 2011.

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