María Zambrano (1904-1990) Vélez-Málaga

En la primavera de 1904, a las dos y media de la tarde del 25 de abril, en la calle Federico Macía de Vélez-Málaga – entonces llamada “Calle del Mendrugo” – vio la luz por primera vez la hija de los maestros de instrucción primaria don Blas J. Zambrano y García de Carabantes y doña Araceli Alarcón Delgado.
Este nacimiento fue inscrito tres días más tarde en el folio 359 del libro 56 del Registro Civil, recibiendo la niña el larguísimo nombre de “María Francisca Águeda Araceli Asunción Carolina Magdalena Rafaela de la Santísima Trinidad Zambrano Alarcón.”

Cuando en 1908 don Blas Zambrano es trasladado a Segovia como profesor de Lengua y Literatura del instituto de la ciudad, allí se va a vivir la “niña María”, y es en esa ciudad donde pasa su infancia.

La mayor parte de su formación extra familiar se produce luego en Madrid en la Asociación para la Enseñanza de la Mujer, de la Institución Libre de Enseñanza, siendo necesario destacar entre sus maestros a las mentes mas despiertas del momento español, tales como José Ortega y Gasset y Manuel Bartolomé Cossío.

Tras la licenciatura en Filosofía y Letras, que lleva a cabo en la universidad madrileña, realiza el doctorado y entra a trabajar como profesora ayudante de cátedra de Filosofía. De estos tiempos universitarios existen numerosas anécdotas que nos hablan de las escasísimas mujeres que pululaban por los pasillos y las aulas de las universidades españolas siendo vistas como “raras avis” y viéndose forzadas a abrir caminos de imaginación, tolerancia, rigor y fortaleza.

Por aquellos años se distingue en la Revista de Occidente y en Cruz y Raya, antes de la Guerra Civil, y, durante ésta, en la revista barcelonesa Hora de España.

La guerra civil le sorprende en Chile, donde su marido es en aquel entonces secretario de la embajada de España. Vuelta a Europa fija su residencia en Barcelona y participa activamente en la defensa de la República.

En 1939 se marcha al exilio iniciando un largo peregrinar por América y Europa impartiendo docencia en varias universidades americanas de Cuba, Méjico y Puerto Rico, y residiendo, más tarde, en Francia e Italia.

En 1953 obtiene el “Premio Literario Europeo” de Ginebra con su ensayo Delirio y Destino. En Junio de 1981 se le concede el premio “Príncipe de Asturias de comunicaciones y humanidades”, en 1982 se le nombra “Doctora Honoris Causa” de la Universidad de Málaga y el Ayuntamiento veleño la nomina Hija Predilecta de la Ciudad de Vélez-Málaga, y en 1987 obtiene el Premio Cervantes.

Entre sus obras más importantes habría que destacar las siguientes: Horizonte del Liberalismo (1930), Pensamiento y Poesía en la vida española (1939), Filosofía y Poesía (1939), El Pensamiento vivo de Séneca (1944), La agonía de Europa (1945), Hacia un saber sobre el alma (1950), El hombre y lo divino (1955), Persona y Democracia (1959), La España de Galdós (1960), España: sueño y verdad (1965), El sueño creador (1965), La tumba de Antígona (1967), Los intelectuales en el drama de España (1977), Claros del Bosque (1978).

A finales de los años setenta, regresa a España asentándose en Madrid, donde pasa sus últimos días.

De una carta personal de María Zambrano a nuestro amigo y profesor Agustín García Chicón, destaca una referencia inédita que consideramos de gran interés recordar. “…Poco se detuvo mi vida en Vélez-Málaga, lugar al que debo la luz primera que mis ojos vieron y que de alguna manera ha debido de quedar en lo más hondo de mi ánimo… Quiero ofrecerle a usted un recuerdo no publicado en parte alguna, en que aparece la persistencia, inclusive orgánica, de mis primeros pasos en mi vida en Vélez-Málaga. Hacia el año 1933 o 1934 oí yo en Madrid por radio unos discos, defectuosos sin duda alguna y gastados, del cantaor Juan Breva. Reacia como siempre he sido al sueño, sentía algo así como los albores del dormir. ¡Qué extraño es esto!, le dije a mi madre, quien rápidamente me contestó: -No es extraño, las malagueñas de Juan Breva fueron tus nanas. La taberna en la que él cantaba todas las noches estaba cerca de nuestra casa y tu padre andaba muy afligido porque los rumores y el canto perturbarían, si es que no lo impedían, tu sueño…”
Tras su muerte, que se produce el 6 de febrero de 1990, es trasladada a Vélez-Málaga donde descansan sus restos, junto a un limonero, uno de los pocos recuerdos que mantenía de su ciudad natal.

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