Personalidad psicótica

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{xtypo_dropcap}L{/xtypo_dropcap}os dos primeros meses de 2018, lamentablemente, han venido acompañados de sucesos violentos. La muerte de la joven Diana Quer a manos de el Chicle, el asesinato de un matrimonio de ancianos llevado a cabo por menores de edad con la intención de robarles, la matanza perpetrada por un joven en un instituto de los Estados Unidos o, más cerca de nuestra zona, la muerte de una vecina de Los Romanes apuñalada por su pareja. Estos han sido terribles sucesos que nos han conmocionado y que nos resultan difíciles de asimilar y comprender. Distintos expertos, psicólogos, criminólogos o jueces han venido dando estos días su opinión al respecto, debatiendo y tratando de buscar una explicación a estas muertes violentas. Se ha hablado mucho del trastorno de personalidad antisocial, disocial o psicópata que puede padecer alguien que es capaz de matar a otra persona a sangre fría pero, ¿qué significa realmente ser un psicópata? Según la psicología, la personalidad psicópata se caracteriza por un patrón general de desprecio y violación hacia los derechos de los demás, patrón que suele empezar a manifestarse en la adolescencia o incluso ya en la infancia. Ese patrón se caracteriza por fracaso en la adaptación a las normas sociales, deshonestidad, irritabilidad y agresividad, despreocupación imprudente por su seguridad o la de los demás, irresponsabilidad y falta de remordimientos.

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A priori, es más fácil que una persona que sigue este patrón de personalidad acabe matando (aunque no todos los psicópatas son asesinos, ni mucho menos) a otras personas. A la hora de buscar las causas de la agresividad y la falta de compasión en los individuos con personalidad psicópata, aparte de una posible predisposición genética, habría que tener en cuenta como factores predisponentes la presencia de entornos familiares muy hostiles donde los niños hayan crecido entre el odio y la violencia. Estos niños han podido ver a sus padres resolver sus problemas usando la agresividad y la violencia, y acabar ellos mismos aprendiendo a desenvolverse en la vida haciendo uso de ellas. En muchas ocasiones, ellos mismos recibirían malos tratos por parte de sus padres o hermanos mayores. A lo largo de su vida podrían acumular odio y frustración y acabar descargándolo sobre las demás personas. Esto podría ser una explicación, pero, por otro lado, se sabe que hay personas con personalidad psicópata que no han vivido forzosamente en ese tipo de ambientes negativos. Habría que tener en cuenta el hecho de que el que una persona no haya crecido en un ambiente hostil no quiere decir que haya tenido necesariamente una buena infancia desde el punto de vista psicológico.

Así, niños que crecen sobreprotegidos podrían tener dificultades para desarrollar en el futuro sus habilidades sociales, volverse inseguros, tener problemas para desenvolverse por sí mismos y para hacer amigos y sentirse inferiores y acomplejados. Cuando estos niños creciesen, podrían no sentirse a gusto a nivel social, responsabilizando a los demás de sus propias inseguridades y complejos personales, distanciándose emocionalmente de la gente y actuando de forma agresiva con ellos. Aunque se asume que los psicópatas no tienen empatía o capacidad para ponerse en el lugar de los demás y que no experimentan culpa ni remordimientos por sus comportamientos antisociales, quizás durante su infancia y primera adolescencia sí que hayan podido experimentar tales fenómenos. Podría ocurrir incluso que, paradójicamente, la culpa y los remordimientos hayan estado presentes de forma exacerbada, por diversos motivos, durante su infancia, minando el autoconcepto y la autoestima de la persona. Aunque la total indiferencia hacia los demás y su falta de arrepentimiento dan una apariencia de superioridad a los individuos psicópatas, quizás en el fondo son o han sido seres atormentados. Puede que, antes de llevar a cabo acciones tan horribles como atacar a una persona o acabar asesinándola, hayan intentado evitar tales conductas y controlarse a sí mismos.

El tema es que, quizás, con independencia de la falta de remordimientos o empatía, los psicópatas pueden experimentar las mismas dificultades para controlar sus impulsos agresivos que un ludópata para controlar sus impulsos para jugar o que un drogadicto para controlar sus impulsos para consumir. De la misma manera que el ludópata o el drogadicto libera tensión cuando deja de controlar sus impulsos y se rinde a ellos, el psicópata liberaría una gran tensión al descargar unos impulsos hostiles y agresivos hacia los demás que podría llevar años reprimiendo. Esto podría responder a la pregunta que todos nos hacemos: ¿cómo es posible que haya gente en el mundo capaz de asesinar a otras y no sentirse mal por ello? La respuesta sería que esta gente ya se sentía mal antes de actuar así y que, llevando a cabo estas conductas violentas, liberan parte de ese malestar descargando tensión acumulada.

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