Relación entre hábitos de vida y dolor

No contamos nada nuevo cuando decimos que es importante cuidar los hábitos de vida. Ya sabemos que es esencial para prevenir o reducir las probabilidades de sufrir cualquier tipo de patología. Sin embargo, la realidad es que muchas personas tienen unos hábitos que no consideraríamos saludables. Así, la prevalencia de diversas enfermedades y dolencias no hace más que aumentar.

Tampoco descubrimos nada al contar que uno de los mayores problemas sociales a los que nos enfrentamos actualmente en todo el mundo —por sus efectos sobre la calidad de vida y la economía— es la alta prevalencia de dolor en la zona lumbar. Teniendo en cuenta que la causa de dicha dolencia es multidimensional, hoy queremos tratar de resolver la siguiente cuestión; ¿existe relación entre los hábitos de vida de una persona y las probabilidades de que esta sufra dolor de espalda? Para ello, hemos acudido a la lectura de una reciente investigación en la que se estudió dicha la asociación en más de 400000 personas adultas.

Además de preguntarles si sufrían dolor de espalda baja, se les evaluaron los hábitos de vida mediante el análisis de las siguientes 12 variables: Tabaquismo, Ingesta de alcohol, Ejercicio, Actividad física, Ritmo de marcha, Ganancia de peso, Cambio de peso. Velocidad a la que comían, Cena al menos 2 horas antes de ir a la cama, Picar algo después de la cena, Saltarse el desayuno, Descanso.

Una vez ajustada y controlada la edad, el índice de masa corporal y la presencia de ciertas patologías (hipertensión, diabetes y dislipidemia), se observó que aquellos hombres y mujeres que tenían unos hábitos de vida considerados de bajo riesgo para salud presentaban menor dolor lumbar, y que a medida que la puntuación en malos hábitos aumentaba también lo hacía el riesgo de sufrir dolor de espalda. A su vez, observaron que, en comparación con las personas asintomáticas, aquellas que tenían dolor lumbar eran mayores, tenían un mayor índice de masa corporal y era más probable que tuvieran hipertensión, diabetes y dislipidemia.

Los resultados de este nuevo estudio van en la línea de los obtenidos por otras investigaciones y muestran que el dolor lumbar está asociado con hábitos poco saludables como fumar, beber alcohol a diario, moverse poco, caminar lento, alimentarse de una manera inadecuada (ej. comer rápido, dejar poco tiempo entre cena y sueño…), no controlar el peso y no descansar adecuadamente. Además, nos muestra que esta asociación es dependiente de la dosis, es decir, que a peores hábitos de vida, mayores probabilidades de tener dolor de espalda.

Los mecanismos fisiológicos que explican esta relación hábitos-dolor son complejos y diversos, pero el mensaje es claro: si quieres prevenir o mejorar un dolor de espalda, trata de reducir al máximo los factores relacionados con una vida poco saludable. No fumes, no bebas mucho, muévete, descansa y come bien.

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